A los 21 los mataron

6 Sep

Por Patricio Mery Bell, Periodista, Director Panorama News
Si los vientos cruzados botaran aviones en Juan Fernández, todos los días deberíamos lamentar tragedias. Si la culpa es de la pista porque  esta mal cuidada, es corta y no cumple con las condiciones para aterrizar, cosa que creo, también deberíamos lamentar estos accidentes cada semana. Pero las condiciones climáticas y  el mal estado de la pista no afectan a las decenas de aviones que viajan cada mes a la isla, pero si lo hicieron  solo con este fatídico vuelo de 21 tripulantes.

No tengo ninguna prueba seria para considerar que una conspiración de los Illuminati, de una secta masónica no reconocida o de un grupo de paramilitares generó un atentado contra el avión en dónde viajaban veintiún compatriotas. Nadie puede ser tan perverso para realizar un asesinato masivo con el sólo fin de generar una cortina de humo comunicacional que frenará, sensibilizará y permitiera a la derecha gobernante y a la pasmada oposición salir de la peor crisis política de los últimos treinta años.

Menos me atrevería a culpar de esto al gobierno, cuando el cuñado del Ministro de Defensa es uno de los fallecidos en el vuelo.  No creo en los que dicen que botaron el avión para aprobar Hidroaysen o para evitar que los estudiantes salieran fortalecidos de la reunión realizada en la Moneda con el Presidente, todo eso me parece absurdo. Menos esbozar que la culpa es de Hinzpeter que fue interpelado en cámara por Felipe Camiroaga por el conflicto medioambiental de Punta de Choros o que con esto se tapó la renuncia del cuestionado General Director de Carabineros Eduardo Gordón.

Pero puedo afirmar con seriedad, que aquí si hubo un asesino. O mejor dicho asesina.  Ese magnicida se llama “negligencia”. Porque un avión con suficiente combustible, sin sobrecarga, con personas adecuadas e informadas que pudieran recibir su aterrizaje coordinando las labores desde tierra, provisto de un GPS o caja negra,   sin sobrecarga y al mando de un piloto con las horas de vuelo requeridas para ir a ese lugar, hubiesen evitado esta tragedia.

Aunque quizás y lo más importante, y en esto, si puede que sea el gobierno el principal responsable, es que los privados y comunicadores no son los responsables de reconstruir Chile, por muy buenas intenciones que tuvieran Felipe Cubillos y Felipe Camiroaga. No eran ellos los llamados a reconstruir después del terremoto, no era su pega, no los eligieron para eso, nadie les pidió que lo hicieran.

Quizás el gobierno deba asumir con esto, que a más de un año del terremoto han sido ineficientes para levantar Chile.

Si nuestro país  estuviera en pie, no necesitaríamos de la buena o mala voluntad de empresarios filántropos, de comunicadores comprometidos, de funcionarios públicos abnegados o  de miembros de las Fuerzas Armadas. Para reconstruir Chile no necesitamos más tragedias, no queremos más muertos, no necesitamos mártires, ni símbolos, basta con que hagan la pega para la cual fueron elegidos. Llego la hora que comiencen a gobernar y que paren con las excusas y explicaciones eternas, que sólo sirven para  llenar los noticiarios de cuñas simplonas.

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